La Solemnidad de Todos los Santos recuerda la vocación a la santidad, afirma el Papa

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

COMPARTE

(ACI) ā€œLa Solemnidad de hoy, que celebra a Todos los Santos, nos recuerda la vocación personal y universal a la santidadā€. AsĆ­ lo afirmó el Papa Francisco este domingo 1 de noviembre durante el rezo del Ɓngelus desde el Palacio Apostólico del Vaticano.

Esta fiesta, continuó el Santo Padre, ā€œnos propone los modelos seguros de este camino, que cada uno recorre de manera Ćŗnica e irrepetible, segĆŗn la ā€˜fantasĆ­a’ del EspĆ­ritu Santo. Basta pensar en la inagotable variedad de dones e historias concretas que se dan entre los santos y las santas, que la Iglesia ha reconocido a lo largo de los siglos y que continuamente propone como testigos del Ćŗnico Evangelioā€.

En la solemne fiesta de Todos los Santo ā€œla Iglesia nos invita a reflexionar sobre la gran esperanza que se funda en la Resurrección de Cristo. Cristo resucitó y tambiĆ©n nosotros estaremos con Ɖlā€.

El PontĆ­fice explicó que ā€œlos santos y los beatos son los testigos mĆ”s autorizados de la esperanza cristiana, porque la han vivido plenamente en su existencia, entre alegrĆ­as y sufrimientos, poniendo en prĆ”ctica las Bienaventuranzas que JesĆŗs predicó y que hoy resuenan en la liturgiaā€.

SegĆŗn seƱaló el Papa, las Bienaventuranzas evangĆ©licas son ā€œel camino de la santidadā€. En concreto, Francisco se refirió a dos Bienaventuranzas: la segunda y la tercera.

La segunda Bienaventuranza dice: ā€œBienaventurados los que lloran, porque ellos serĆ”n consoladosā€. El Santo Padre seƱaló que ā€œparecen palabras contradictorias, porque el llanto no es un signo de alegrĆ­a y felicidadā€.

ā€œMotivos de llanto y de sufrimiento son la muerte, la enfermedad, las adversidades morales, el pecado y los errores: simplemente la vida cotidiana, frĆ”gil, dĆ©bil y marcada por las dificultades. Una vida a veces herida y probada por la ingratitud y la incomprensiónā€.

Sin embargo, ā€œJesĆŗs proclama bienaventurados a los que lloran por estas situaciones y, a pesar de todo, confĆ­an en el SeƱor y se ponen a su sombra. No son indiferentes ni tampoco endurecen sus corazones en el dolor, sino que esperan con paciencia en el consuelo de Dios. Y ese consuelo lo experimentan ya en esta vidaā€.

En la tercera Bienaventuranza JesĆŗs afirma: ā€œBienaventurados los mansos, porque ellos heredarĆ”n la tierraā€.

Sobre esta Bienaventuranza, el Papa explicó que ā€œla mansedumbre es caracterĆ­stica de JesĆŗs, que dice de sĆ­ mismo: ā€˜Aprended de mĆ­ que soy manso y humilde de corazónā€™ā€.

ā€œMansos son aquellos que tienen dominio de sĆ­ mismo, que dejan sitio al otro, que lo escuchan y lo respetan en su forma de vivir, en sus necesidades y en sus demandas. No pretenden someterlo ni menospreciarlo, no quieren sobresalir y dominarlo todo, ni imponer sus ideas e intereses en detrimento de los demĆ”sā€.

Estas personas, ā€œque la mentalidad mundana no aprecia, son en cambio preciosas a los ojos de Dios, que les da en herencia la tierra prometida, es decir, la vida eterna. TambiĆ©n esta bienaventuranza comienza aquĆ­ abajo y se cumplirĆ” en el Cieloā€.

En su enseƱanza, el Papa insistió en que ā€œelegir la pureza, la mansedumbre y la misericordia; elegir confiarse al SeƱor en la pobreza de espĆ­ritu y en la aflicción; esforzarse por la justicia y la paz, significa ir a contracorriente de la mentalidad de este mundo, de la cultura de la posesión, de la diversión sin sentido, de la arrogancia hacia los mĆ”s dĆ©bilesā€.

ā€œLos santos y los beatos han seguido este camino evangĆ©licoā€, concluyó el Papa Francisco.

 

SĆ­guenos en: Facebook

Twitter