(Vatican news)Ā»Necesitamos que el EspĆritu nos dĆ© ojos nuevos, abra nuestra mente y nuestro corazón para enfrentar este momento y el futuro con la lección aprendida: somos una sola humanidadĀ». En la Vigilia de PentecostĆ©s, con ocasión de la Vigilia Mundial organizada onlineĀ porĀ Charis, el servicio para la Renovación CarismĆ”tica Católica, el Santo Padre expresa esta necesidad, tan cercana a todos los fieles cristianos; y aƱade: el EspĆritu Santo āviene a sanar los miedosā, viene Ā«a sanar las heridas que nos hacemos tambiĆ©n unos con otrosĀ», y viene Ā«para convertirnos en discĆpulos misionerosā.
Necesitamos que el Padre nos envĆe el EspĆritu Santo
A partir del relato de la reunión de los creyentes en la fiesta de PentecostĆ©s, en un video mensaje el pontĆfice individua, comenta y guĆa:
El EspĆritu se posa sobre cada uno de los discĆpulos, sobre cada uno de nosotros. El EspĆritu prometido por JesĆŗs viene a renovar, a convertir, a sanar a cada uno de nosotros. Viene a sanar los miedos ācuĆ”ntos miedos tenemosā, las inseguridades; viene a sanar nuestras heridas, las heridas que nos hacemos tambiĆ©n unos con otros; y viene para convertirnos en discĆpulos, discĆpulos misioneros, testigos llenos del coraje, de la parresia apostólica, que son necesarios para la predicación del Evangelio de JesĆŗs, como leemos en los versĆculos siguientes que sucedió con los discĆpulos.
āHoy mĆ”s que nunca necesitamos que el Padre nos envĆe el EspĆritu Santoā, afirma el Papa, que vuelve sobre el capĆtulo primero de los Hechos de los Apóstoles, cuando JesĆŗs dice a sus discĆpulos: Ā«Esperen que se cumpla la promesa que mi Padre les hizo, y de la cual yo les hablé»; y subraya tres palabras:Ā testimonio de JesĆŗs.
Testimonio de JesĆŗs
A este testimonio nos conduce el EspĆritu Santo. Hoy el mundo sufre, estĆ” herido; vivimos en un mundo muy herido, que sufre, especialmente en los mĆ”s pobres, que son descartados, cuando todas nuestras seguridades humanas han desaparecido, el mundo necesita que le demos a JesĆŗs. Necesita nuestro testimonio del Evangelio, el Evangelio de JesĆŗs. Ese testimonio solamente lo podemos dar con la fuerza del EspĆritu Santo.
Necesitamos que el EspĆritu nos dĆ© ojos nuevos, abra nuestra mente y nuestro corazón para enfrentar este momento y el futuro con la lección aprendida: somos una sola humanidad. No nos salvamos solos. Nadie se salva solo. Nadie. San Pablo dice en la epĆstola a los GĆ”latas: Ā«Ya no importa ser judĆo o griego, esclavo o libre, hombre o mujer, porque todos unidos a Cristo somos uno solo, un cuerpo soloĀ» (cf. 3,28), cohesionado por la fuerza del EspĆritu Santo. Por este bautismo del EspĆritu Santo que JesĆŗs anunica. Lo sabemos, lo sabĆamos, pero esta pandemia que vivimos nos lo ha hecho experimentar de una manera mucho mĆ”s dramĆ”tica. Tenemos por delante el deber de construir una realidad nueva. El SeƱor la harĆ”; nosotros podemos colaborar: Ā«Yo hago nuevas todas las cosasĀ», dice (Ap 21,5). Ā
Cuando salgamos de esta pandemia, no podremos seguir haciendo lo que venĆamos haciendo, y cómo lo venĆamos haciendo. No, todo serĆ” distinto. Todo el sufrimiento no habrĆ” servido de nada si no construimos entre todos una sociedad mĆ”s justa, mĆ”s equitativa, mĆ”s cristiana, no de nombre, sino en realidad, una realidad que nos lleva a una conducta cristiana. Si no trabajamos para terminar con la pandemia de la pobreza en el mundo, con la pandemia de la pobreza en el paĆs de cada uno de nosotros, en la ciudad en donde vive cada uno de nosotros, este tiempo habrĆ” sido en vano.

