(ACI) El Papa Francisco advirtió del peligro del exceso de información no siempre veraz, del empacho de conexiones que provocan a las personas una pérdida de la noción de la realidad y de la fraternidad.
En la Misa que presidió ante 15 mil fieles en la Plaza de Macedonia de Skopje, durante su viaje apostólico a Macedonia del Norte, Francisco lamentó que ānos hemos acostumbrado a comer el pan duro de la desinformación y hemos terminado presos del descrĆ©dito, las etiquetas y la descalificaciónā.
āHemos creĆdo que el conformismo saciarĆa nuestra sed y hemos acabado bebiendo de la indiferencia y la insensibilidad; nos hemos alimentado con sueƱos de esplendor y grandeza y hemos terminado comiendo distracción, encierro y soledad; nos hemos empachado de conexiones y hemos perdido el sabor de la fraternidad. Hemos buscado el resultado rĆ”pido y seguro y nos vemos abrumados por la impaciencia y la ansiedad. Presos de la virtualidad hemos perdido el gusto y el sabor de la realidadā, lamentó Francisco.
Frente a ello, invitó a decir ācon fuerza y sin miedo: tenemos hambre, SeƱor. Tenemos hambre, SeƱor, del pan de tu Palabra capaz de abrir nuestros encierros y soledades. Tenemos hambre, SeƱor, de fraternidad para que la indiferencia, el descrĆ©dito, la descalificación no llenen nuestras mesas y no tomen el primer puesto en nuestro hogarā.
āTenemos hambre, SeƱor, de encuentros donde tu Palabra sea capaz de elevar la esperanza, despertar la ternura, sensibilizar el corazón abriendo caminos de transformación y conversión. Tenemos hambre, SeƱor, de experimentar como aquella muchedumbre la multiplicación de tu misericordia, capaz de romper estereotipos y partir y compartir la compasión del Padre hacia toda persona, especialmente hacia aquellos de los que nadie se ocupa, que estĆ”n olvidados o despreciadosā.
āDigĆ”moslo con fuerza y sin miedoā, insistió, ātenemos hambre de pan, SeƱor, del pan de tu palabra y del pan de la fraternidadā.
Puso de ejemplo de ello a la Madre Teresa, āque quiso fundamentar su vida sobre dos pilares: JesĆŗs encarnado en la EucaristĆa y JesĆŗs encarnado en los pobres. Amor que recibimos, amor que damos. Dos pilares inseparables que marcaron su camino, la pusieron en movimiento buscando saciar su hambre y sedā.
La Madre Teresa āfue al SeƱor y en el mismo acto fue hacia su hermano despreciado, no amado, solo y olvidado, fue a su hermano y encontró el rostro del SeƱorā.
El Papa finalizó la homilĆa invitando a animarse āunos a otros a ponernos de pie y a experimentar la abundancia de su amor, dejemos que sacie nuestra hambre y sed en el sacramento del altar y en el sacramento del hermanoā.

