MiƩrcoles Feria Mayor 19-12-2018

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

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ā€œTu ruego ha sido escuchadoā€

Evangelio segĆŗn S. Lucas 1, 5-7. 11-20. 23-25

En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que Zacarías oficiaba delante de Dios, se le apareció un Ôngel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el Ôngel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te darÔ un hijo, y le pondrÔs por nombre Juan.

Te llenarĆ”s de alegrĆ­a y gozo, y muchos se alegrarĆ”n de su nacimiento. Pues serĆ” grande a los ojos del SeƱor: no beberĆ” vino ni licor, estarĆ” lleno del EspĆ­ritu Santo ya en el vientre materno, y convertirĆ” muchos hijos de Israel al SeƱor, su Dios. IrĆ” delante del SeƱor, con el espĆ­ritu y poder de ElĆ­as, ā€œpara convertir los corazones de los padres hacia los hijosā€, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al SeƱor un pueblo bien dispuestoĀ». ZacarĆ­as replicó al Ć”ngel: «¿Cómo estarĆ© seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzadaĀ». Respondiendo el Ć”ngel le dijo: Ā«Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. Pero te quedarĆ”s mudo, sin poder hablar, hasta el dĆ­a en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirĆ”n en su momento oportunoĀ». Al cumplirse los dĆ­as de su servicio en el templo volvió a casa. DĆ­as despuĆ©s concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo: Ā«Esto es lo que ha hecho por mĆ­ el SeƱor, cuando se ha fijado en mĆ­ para quitar mi oprobio ante la genteĀ».

 

[divider link=»» target=Ā»_blankĀ» layout=Ā»2″ color=»»] Meditación sobre el Evangelio [/divider]

Se consideraba una desgracia, incluso un castigo divino, el que un matrimonio no tuviera descendencia, y no pudiera continuarse por Ć©l la genealogĆ­a familiar. Esto sigue ocurriendo hoy en algunas culturas. AsĆ­ se encontraba ZacarĆ­as, aunque no lo veĆ­a todo perdido, pues conocĆ­a sobradamente las actuaciones de Dios en casos similares de la historia de su pueblo Israel: AbrahĆ”n y Sara, padres de Isaac; Manoj y su mujer, padres de Sansón; ElcanĆ” y Ana, padres del profeta Samuel … Y desde hacĆ­a ya muchos aƱos, le impulsaba la esperanza a rogar, a pedir a Dios que le concediera un hijo.

El tiempo iba transcurriendo en su contra. Isabel, su mujer, y Ć©l, eran ya de avanzada edad. Pero Dios no desoye nunca la oración perseverante llena de esperanza, aunque la apariencia a veces sea de que estĆ© como dormido, como sordo a la sĆŗplica (como describen muchos salmos basados en experiencias de vida), y, en ocasiones, obra en extremo, contra toda esperanza natural, biológica, temporal; fuera de toda lógica humana, dando asĆ­ a conocer quiĆ©n es el DueƱo y SeƱor de la vida, del natural y sobrenatural acontecer, y mostrando que la fe perseverante en Ć©l no queda fallida (como tambiĆ©n narran muchos salmos e historias bĆ­blicas). Y le sale al encuentro. Elige Dios (ā€œLe tocó en suerte a Ć©l entrarā€¦ā€) un momento del normal desarrollo de su actividad sacerdotal en el que ZacarĆ­as va a estar solo ante Ć©l. Para comunicarnos profundamente con Dios se requiere cierta tranquilidad, soledad y aislamiento (ā€œTĆŗ, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que ve en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensarĆ”.ā€ —Mt 5,6—).

Al obtener a travĆ©s del Ć”ngel la respuesta divina a su oración, duda de que ya pueda suceder. Es la fe el cordón umbilical por medio del cual nos materniza Dios nuestro Padre, pasando su vida a nosotros; haciendo posibles los mĆ”s inimaginables imposibles. Basta que sea perseverante, impregnada de una esperanza cierta; y, mientras Ć©l a su tiempo y manera se ocupa de nosotros, nosotros nos ocupemos de las necesidades de cuantos nos rodean. Es ella la que hace posibles todas las manifestaciones de su amor (ā€œSi tuvierais fe como un granito de mostaza, dirĆ­ais a esta morera: Ā«ArrĆ”ncate de raĆ­z y plĆ”ntate en el marĀ», y os obedecerĆ­aā€ —Lc 17,6—; ā€œVosotros buscad que reine el amor, y lo demĆ”s se os darĆ” por aƱadiduraā€ —cf Mt 3,33—). Si a Dios le damos lugar cada dĆ­a en nuestro vivir, Ć©l se lo toma y actĆŗa: Ā”lo estĆ” deseando!Lo primero que hace Gabriel en su aparición es tranquilizarlo ante su gran temor (ā€œNo temasā€). Dios trae siempre su paz. Inmediatamente le refiere la buena noticia. Luego da instrucciones de parte de Dios, habla del niƱo, de su misión, y anuncia alegrĆ­a para todos. Ā”QuĆ© diferentes los planes de Dios con cada uno! Ahora con Juan, comparado con JesĆŗs.

Va a ser la transición de la Ley al amor: la voz que invite a la conversión de los corazones para preparar la llegada del Reino con su MesĆ­as, reino de amor y paternidad divina. Conversión que Ć©l detallaba cuando, quienes le oĆ­an, le preguntaban quĆ© tenĆ­an que hacer: ā€œEl que tenga dos tĆŗnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismoā€¦ā€ (Lc 3,10-14). Y para ser escuchada su voz, segĆŗn estaban el pueblo y sus dirigentes, convenĆ­a que fuera desde una austeridad de vida (ā€œNo beberĆ” vino ni licorā€; ā€œVestĆ­a con piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestreā€ —Mt 3,4—). Austero y enjuto es el tallo del que nace la espiga que a todos alimenta. Espinosa la rama del rosal que alumbra la rosa, plena de delicada belleza y suavidad, que expande el perfume que a todos embriaga. Potente y austero el sonido de la trompeta que reclama la atención para la llegada de la variopinta sinfonĆ­a… VendrĆ” luego JesĆŗs, y dirĆ”n de Ć©l, para desprestigiarle, que era comedor y bebedor, porque comĆ­a con unos y con otros (los atraĆ­a a todos con el calor de su amor para llevarlos al Padre). Y a esos tales les echarĆ” en cara su voluntaria cerrazón, su dureza de corazón, pues ni creyeron a Juan, con su austeridad, ni a Ć©l con su naturalidad.

Anunció Gabriel tambiĆ©n que lo harĆ­a con el mismo espĆ­ritu y forma de ser de ElĆ­as, temperamental y terrible profeta para su generación, al que consumĆ­a el celo por el Dios AltĆ­simo. ā€œSe llenarĆ” del EspĆ­ritu Santo ya en el vientre maternoā€, cosa que sucedió y de la que dio testimonio Isabel, su madre, al ser visitada por MarĆ­a: ā€œEn cuanto tu saludo llegó a mis oĆ­dos, la criatura saltó de alegrĆ­a en mi vientreā€.Los planes de Dios se abren siempre camino. Siempre se cumplen, tanto si el hombre colabora (asĆ­ desearĆ­a Ɖl) como si no; pase lo que pase. Y hasta el malo, sin quererlo (querrĆ­a mĆ”s bien lo contrario), hace, misteriosamente, el juego a Dios, que de todos los males saca mayores bienes para los que le aman, que son aquellos que escuchan y cumplen su palabra. ZacarĆ­as era bueno, pero su duda le acarreó su mudez, corrección amorosa divina que traerĆ” consigo bienes para Ć©l (ā€œPorque Dios corrige a quien ama y castiga a sus hijos preferidos, pues como a hijos os trata, y, ĀæquĆ© padre no corrige a sus hijos?ā€ —Prov 3,11-12; Heb 12,7—).

Su aislamiento del mundo al quedar sordo y mudo (cf Lc 1,62-63), facilitarÔ muy mucho el interiorizar en lo mÔs íntimo de su corazón, bajo la luz de Dios, toda la experiencia vivida, llevÔndolo a completar en él lo que faltaba a su quebradiza fe. Y quedó totalmente agradecido a Dios, como mostrarÔ alegremente tras la fiesta de la circuncisión del niño, entonando, lleno de Espíritu Santo, un cÔntico de alabanza (cf Lc 1,67ss).

ā€œTe llenarĆ”s de alegrĆ­a, y muchos se alegrarĆ”n de su nacimientoā€: Los planes de Dios, al completarse, llevan siempre la alegrĆ­a al corazón de los hombres de buena