(ACI) En la Misa que presidió a primera hora de la mañana, el Papa Francisco habló de la importancia de reconocerse pecador y dio algunas claves para acudir bien al Sacramento de la Confesión.
En la capilla de la Casa Santa Marta, comentó el Evangelio de Lucas en el que Jesús pide a Pedro subir a la barca, y después de predicar, lo invita a echar las redes y se produce una pesca milagrosa.
Francisco destacó que JesĆŗs cambia el nombre de Simón a Pedro, y āse sentĆa orgulloso porque de verdad amaba a JesĆŗsā.
Recordó las palabras de Pedro que dijo: āSeƱor, alĆ©jate de mĆ porque soy un pecadorā. āEste es el primer paso decisivo de Pedro en el camino del discipulado, de discĆpulo de JesĆŗs, acusarse a sĆ mismo: āsoy un pecadorā. El primer paso de Pedro es este y tambiĆ©n el primer paso de cada uno de nosotros, si se quiere seguir en la vida espiritual, en la vida de JesĆŗs, servir a JesĆŗs, seguir a JesĆŗs, debe ser esto, acusarse a sĆ mismo: sin acusarse a sĆ mismo no se puede caminar en la vida cristianaā.
El Papa reconoció que āno es fĆ”cilā. āEstamos muy acostumbrados a decir: āsoy un pecadorā, pero de la misma manera que decimos: āsoy humanoā o āsoy ciudadano italianoā. Acusarse a sĆ mismo es sentir la propia miseria: āsentirse miserableā, mĆsero, ante el SeƱor. Se trata de sentir vergüenza. Es algo que no se hace de palabra, sino con el corazón, es decir, es una experiencia concreta como cuando Pedro pide a JesĆŗs alejarse de Ć©l pecadorā.
La salvación que ānos lleva a JesĆŗsā āno es una cosa cosmĆ©ticaā, remarcó. āHay gente que vive hablando mal de los demĆ”s, acusando a los otros, y nunca piensa en sĆ mismo, y cuando voy a confesarme⦠¿cómo me confieso?, Āæcomo los loros?ā. āBla, bla, bla. He hecho esto, estoā¦ā Pero, Āæte toca el corazón lo que has hecho? Muchas veces no. Vas allĆ a maquillarte un poco para salir guapo. Pero no ha entrado en tu corazón completamente, porque no has dejado espacio, porque no has sido capaz de acusarte a ti mismoā.
El Obispo de Roma explicó que āuna seƱal de que una persona no sabe, de que un cristiano no se sabe acusar a sĆ mismo es cuando estĆ” acostumbrado a acusar a los demĆ”s, a hablar mal de los otros, a meter sus narices en la vida de los otrosā.
āEs una mala seƱalā, dijo. āĀæYo hago esto? Es una buena pregunta para llegar al corazón. Pidamos hoy al SeƱor la gracia, la gracia de encontrarnos delante a Ćl con este estupor que da su presencia y la gracia de sentirnos pecadores, pero concretos y decir como Pedro: āalĆ©jate de mĆ porque soy un pecadorāā.

