Estas son las 7 tentaciones que todo consagrado debe vencer, segĂșn el Papa Francisco

31 Jul, 2025 | Sin categorĂ­a

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(ACI) En abril de 2017, durante el Ășltimo dĂ­a de su viaje apostĂłlico a Egipto, el Papa Francisco se encontrĂł con sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas para orar juntos en el Seminario Al-Maadi y reflexionar sobre 7 de las tentaciones que todo consagrado debe vencer mediante una vida enraizada en Cristo:

1-La tentaciĂłn de dejarse arrastrar y no guiar.

2-La tentaciĂłn de quejarse continuamente.

3-La tentaciĂłn de la murmuraciĂłn y de la envidia.

4-La tentaciĂłn de compararse con los demĂĄs.

5-La tentaciĂłn del “faraonismo”, es decir, de endurecer el corazĂłn y cerrarlo al Señor y a los demĂĄs.

6-La tentaciĂłn del individualismo.

7-La tentaciĂłn del caminar sin rumbo y sin meta.

El Santo Padre afirmó que el consagrado “no puede dejarse arrastrar por la desilusión y el pesimismo”. El consagrado, explicó, “es aquel que con la unción del Espíritu transforma cada obstáculo en una oportunidad, y no cada dificultad en una excusa”.

“El peligro es grave cuando el consagrado, en lugar de ayudar a los pequeños a crecer y de regocijarse con el Ă©xito de sus hermanos y hermanas, se deja dominar por la envidia”, advirtiĂł. “La envidia es un cĂĄncer que destruye en poco tiempo cualquier organismo”.

TambiĂ©n indicĂł que “compararnos con los que estĂĄn mejor nos lleva con frecuencia a caer en el resentimiento; compararnos con los que estĂĄn peor, nos lleva, a menudo, a caer en la soberbia y en la pereza”. AdemĂĄs, subrayĂł la importancia de la identidad, porque “el consagrado, si no tiene una clara y sĂłlida identidad, camina sin rumbo y, en lugar de guiar a los demĂĄs, los dispersa”.

En su discurso, el Obispo de Roma transmitiĂł un mensaje de ĂĄnimo al clero, a los religiosos, religiosas y seminaristas: “No tengĂĄis miedo al peso de cada dĂ­a, al peso de las circunstancias difĂ­ciles por las que algunos de vosotros tenĂ©is que atravesar. Nosotros veneramos la Santa Cruz, que es signo e instrumento de nuestra salvaciĂłn. Quien huye de la Cruz, escapa de la resurrecciĂłn”.

El PontĂ­fice explicĂł que “se trata de creer, de dar testimonio de la verdad, de sembrar y cultivar sin esperar ver la cosecha. De hecho, nosotros cosechamos los frutos que han sembrado muchos otros hermanos, consagrados y no consagrados, que han trabajado generosamente en la viña del Señor. Vuestra historia estĂĄ llena de ellos”.

En este sentido les exhortó a ser “luz y sal de la sociedad” frente al pesimismo: “En medio de tantos motivos para desanimarse, de numerosos profetas de destrucción y de condena, de tantas voces negativas y desesperadas, sed una fuerza positiva, sed la luz y la sal de esta sociedad, la locomotora que empuja el tren hacia adelante, llevándolo hacia la meta, sed sembradores de esperanza, constructores de puentes y artífices de diálogo y de concordia”.

“Todo esto serĂĄ posible si la persona consagrada no cede a las tentaciones que encuentra cada dĂ­a en su camino”, advirtiĂł. ExplicĂł que “hacer frente a estas tentaciones no es fĂĄcil, pero es posible si estamos injertados en JesĂșs”.

“Cuanto más enraizados estemos en Cristo, más vivos y fecundos seremos. Así el consagrado conservará la maravilla, la pasión del primer encuentro, la atracción y la gratitud en su vida con Dios y en su misión. La calidad de nuestra consagración depende de cómo sea nuestra vida espiritual”.

“Os exhorto, por tanto, a sacar provecho del ejemplo de San Pablo el eremita, de San Antonio Abad, de los santos Padres del desierto y de los numerosos monjes que con su vida y ejemplo han abierto las puertas del cielo a muchos hermanos y hermanas; de este modo, tambiĂ©n vosotros serĂ©is sal y luz, es decir, motivo de salvaciĂłn para vosotros mismos y para todos los demĂĄs, creyentes y no creyentes y, especialmente, para los Ășltimos, los necesitados, los abandonados y los descartados”, afirmĂł.