El Papa afirma que el pecado es la Ășnica enfermedad que causa impureza

31 Jul, 2025 | Sin categorĂ­a

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Durante el rezo del Ángelus este domingo 11 de febrero en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el Papa Francisco se refiriĂł a la Jornada Mundial del Enfermo y señalĂł que ninguna enfermedad puede romper la relaciĂłn con Dios, “Ășnicamente el pecado causa impureza en el alma”.

“Este domingo, el Evangelio, segĂșn San Marcos, nos presenta a JesĂșs que cura a los enfermos de todo tipo. En ese contexto se sitĂșa la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra precisamente hoy, 11 de febrero, memoria de la Beata Virgen MarĂ­a de Lourdes”, señalĂł el Santo Padre.

Por ello, “con la mirada dirigida a la gruta de Massabielle, contemplamos a JesĂșs como verdadero mĂ©dico de los cuerpos y de las almas, que Dios Padre ha enviado al mundo para curar a la humanidad, marcada por el pecado y por sus consecuencias”.

Francisco explicó que “la página del Evangelio de hoy nos presenta la curación de un hombre enfermo de lepra, patología que en el Antiguo Testamento se consideraba una grave impureza y que implicaba la marginación del leproso de la comunidad”.

“Su condiciĂłn era realmente lamentable, porque la mentalidad de aquel tiempo le hacĂ­a sentirse impuro ante Dios y ante los hombres. Por eso, el leproso del Evangelio suplica a JesĂșs con estas palabras: ‘Si quieres, puedes purificarme’”.

El Papa señalĂł que “al oĂ­r aquello, JesĂșs sintiĂł compasiĂłn”. En este sentido, invitĂł a “fijar la atenciĂłn sobre esta resonancia interior de JesĂșs, como hemos hecho durante el Jubileo de la Misericordia. No se entiende la obra de Cristo, no se entiende a Cristo mismo, si no se entra en su corazĂłn rebosante de compasiĂłn y de misericordia”.

Es esa compasiĂłn “la que lo lleva a extender la mano sobre aquel hombre enfermo de lepra, a tocarlo, a decirle: ‘Quiero, queda purificado’. El hecho mĂĄs impactante es que JesĂșs toca al leproso, porque aquello estaba totalmente prohibido por la ley mosaica. Tocar a un leproso significaba contagiarse tambiĂ©n en el interior, en el espĂ­ritu, y, por lo tanto, quedar impuro”.

“Pero, en este caso, el influjo no va del leproso a JesĂșs para transmitir el contagio, sino de JesĂșs al leproso para darle la purificaciĂłn. En esta curaciĂłn admiramos, ademĂĄs de la compasiĂłn, la audacia de JesĂșs, que no se preocupa no del contagio ni de las prescripciones, sino que se mueve solo por su voluntad de liberar a aquel hombre de la maldiciĂłn que lo oprime”.

El Santo Padre rechazĂł la discriminaciĂłn o la marginaciĂłn de los enfermos: “Ninguna enfermedad es causa de impureza”, recordĂł. “La enfermedad realmente afecta a toda la persona, pero de ningĂșn modo afecta o le inhabilita para su relaciĂłn con Dios. AsĂ­, una persona enferma puede permanecer unida a Dios”.

Por el contrario, “el pecado sĂ­ que te deja impuro. El egoĂ­smo, la soberbia, la corrupciĂłn, esas son las enfermedades del corazĂłn de las cuales es necesario purificarse, dirigiĂ©ndose a JesĂșs como se dirigĂ­a el leproso: ‘Si quiere, puedes purificarme’”.

Por Ășltimo, invitĂł a acudir al sacramento de la confesiĂłn para purificar el alma: “Cada vez que acudimos al sacramento de la ReconciliaciĂłn con el corazĂłn arrepentido, el Señor nos repite tambiĂ©n a nosotros: ‘Quiero, queda purificado’. AsĂ­, la lepra del pecado desaparece, volvemos a vivir con alegrĂ­a nuestra relaciĂłn filial con Dio y quedamos plenamente reintegrado en la comunidad”.