Jueves, Solemnidad de San Pedro y San Pablo, Apóstoles 29-06-2017

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

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«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo»

Evangelio segĆŗn S. Mateo 16, 13-19

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, JesĆŗs preguntó a sus discĆ­pulos: ā€œĀæQuiĆ©n dice la gente que es el Hijo del hombre?ā€ Ellos contestaron: ā€œUnos que Juan Bautista, otros que ElĆ­as, otros que JeremĆ­as o uno de los profetasā€. Ɖl les preguntó: ā€œY vosotros ĀæquiĆ©n decĆ­s que soy yo?ā€ Simón Pedro tomó la palabra y dijo: ā€œTĆŗ eres el MesĆ­as, el Hijo del Dios vivoā€. JesĆŗs le respondió: ā€œĀ”Bienaventurado tĆŗ, Simón, hijo de JonĆ”s!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre, que estĆ” en los cielos. Ahora yo te digo: tĆŗ eres Pedro, y sobre esta piedra edificarĆ© mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotarĆ”. Te darĆ© las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedarĆ” atado en los cielos, y lo que desates en la tierra, quedarĆ” desatado los cielosā€. Y les mandó a los discĆ­pulos que no dijesen a nadie que Ć©l era el MesĆ­as

 

[divider link=»» target=Ā»_blankĀ» layout=Ā»2″ color=»»] Meditación sobre el Evangelio [/divider]

Sabiendo JesĆŗs que sus discĆ­pulos conversan con sus respectivas familias y amigos, les pregunta cual deducĆ­an era la idea que el pĆŗblico se formaba de Ɖl. Los rumores circulantes componen un resultado desolador. Aunque le habĆ­an aclamado por MesĆ­as en tal o cual ocasión, habĆ­a resultado un arranque pasajero, etĆ©reo, reducido despuĆ©s a lĆ­mites mĆ”s modestos.Dolor de JesĆŗs. Es cierto que Ɖl no se habĆ­a proclamado MesĆ­as paladinamente, pero lo habĆ­an proclamado con elocuencia mil signos acompaƱados de luces de arriba. A nadie habĆ­a dicho que era IsaĆ­as, JeremĆ­as, ElĆ­as, Juan, y no obstante, por deducciones, habĆ­an venido a juzgarle tal. ĀæCómo por deducciones mĆ”s lógicas no habĆ­an venido a juzgar lo que era en verdad?

Frívolos en su idea religiosa, en su concepción mesiÔnica, juzgaban la religión tan terrena y tan política, tan administradora de la tierra y dominante, que el Mesías sería su arquetipo y principio, hombre triunfador y rayo de poderío. Hoy día también entre cristianos pervive esta inclinación hacia un reino mundano; con ligeras variantes.Jesús, pues, no les resultaba Mesías, fuera de ciertos momentos de clamoroso éxito. Se les quedó mirando, dulce y firme, preparado a lo peor y esperando lo bueno: «¿Vosotros quién pensÔis que soy yo?». No duró mucho la suspensión. Simón se adelantó a responder contundente: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Viviente».

Dos cosas le atribuyó Simón: ser Mesías (el Cristo) y ser el Hijo de Dios. ¿Cómo pudo acertar tanto? ¿Cómo salió de rudeza y se elevó como un Ôguila? ¿Cómo dijo tanto en tan poco? Fue un destello del Padre en su interior; un consuelo del Padre para el Hijo, que se sentía solo y en fracaso.
Bienaventurado el de buena voluntad, pero sobre todo bienaventurado el que siĆ©ndolo lo escoge y coge el Padre con impulso tan subido. El Maestro se lo declaró: Ā«Bienaventurado eres… te lo reveló mi Padre celestialĀ». Conocimientos, fe filial, oración y encumbramiento de ella, paz en la verdad, serenidad del alma, entrega a todos… no procede de la carne y la sangre, sino del Padre; no es de constitución y fĆ­sico humano, sino de constitución divina que opera el Padre con mayor o menor intensidad.

Jesús, entonces, ante la dilección marcada del Padre, verifica una elección. Le ha dado el Padre poder para estatuir para decidir, y esta es coyuntura en que se va a ejercitar. Sus seguidores serÔn; su naturaleza serÔ la caridad y ella los constituirÔ suyos y en ella se los distinguirÔ. Derramados por el mundo deberÔn ser como la sal, apenas manifiesta y dando por doquier su sabor. No serÔn un reino de este mundo, pues no son vasallos con leyes, sino hijos y libres, impelidos al amor y accionados al bien por fuerza ineludible y libre de su interior transformado en caridad.
Mas por doquiera levantarĆ” guerra el infierno, y en su crecimiento, desde el nacer, habrĆ” desfallecimientos y se inmiscuirĆ”n falsos entre los verdaderos. Pongamos un hombre que sea como un peƱasco que retenga en pie el edificio, con un carisma para conservar incólume el depósito de Cristo, con una asistencia del Padre para no fallar a la verdad en momentos decisivos: tĆŗ eres PeƱasco (mal traducido Pedro) Simón, y sobre este PeƱasco… Las potestades del infierno, los jefes de allĆ­, pelearĆ”n feroces pero no prevalecerĆ”n.

HabrÔ que reprimir díscolos, malévolos, eliminar lobos y víboras en esta familia de hijos, que son los de Cristo. Es verdad que automÔticamente el malo se elimina de la familia de la caridad al no tenerla, de la familia de Cristo al no poseer su espíritu; pero conviene que sea visible este hecho en un mundo visible. A Simón Peñasco le darÔ poder para admitir y despedir de los de Cristo.
No era oportuno declarar desnudamente al auditorio, que Jesús era el Mesías; puesto que estaban los Ônimos tan en contra de un Mesías de su estilo y las oposiciones empezaban a agravarse.

Dejar que los hechos se deslizaron y fueran hablando por sĆ­ mismo a los buenos; el Padre celestial les hablarĆ­a a su tiempo.