MiƩrcoles Santo 12-04-2017

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

COMPARTE

«En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar»

Evangelio segĆŗn S. Mateo 26, 14-25

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: ā€œĀæQuĆ© estĆ”is dispuestos a darme, si os lo entrego?ā€. Ellos se ajustaron con Ć©l en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer dĆ­a de los Ɓcimos se acercaron los discĆ­pulos a JesĆŗs y le preguntaron: ā€œĀæDónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?ā€. Ɖl contestó: ā€œId a la ciudad, a casa de quien vosotros sabĆ©is, y decidle: ā€œEl Maestro dice: Mi momento estĆ” cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discĆ­pulosā€. Los discĆ­pulos cumplieron las instrucciones de JesĆŗs y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comĆ­an dijo: ā€œEn verdad os digo que uno de vosotros me va a entregarā€. Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: ā€œĀæSoy yo acaso, SeƱor?ā€. Ɖl respondió: ā€œEl que ha metido conmigo la mano en la fuente, Ć©se me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como estĆ” escrito de Ć©l; pero Ā”ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!; Ā”mĆ”s le valdrĆ­a a ese hombre no haber nacido!ā€. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: ā€œĀæSoy yo acaso, Maestro?ā€. Ɖl respondió: ā€œTĆŗ lo has dichoā€.

 

[divider link=»» target=Ā»_blankĀ» layout=Ā»2″ color=»»] Meditación sobre el Evangelio [/divider]

L as tinieblas ocultan los planes malignos, los oscuros movimientos de los que debieran ser luz y haberse abierto a Luz, a la Buena Nueva, para bien del pueblo. Quieren apagarla, porque no quieren ver, embarcados en sus egoĆ­smos, sentados en el trono del ser servidos, y no en el del amar sirviendo a todos; empapados de envidia, al ver que las gentes se iban tras la Vida (ā€œSabĆ­a Pilatos que se lo habĆ­an entregado por envidiaā€ –Mateo 27, 18-). Pero Ā«nada hay escondido que no llegue a saberseĀ» (Lucas 12).Era Judas Iscariote uno de los Doce. Mas no basta la elección de Dios. Debe poner su pizca el hombre. AsĆ­ lo indica Juan en el prólogo de su evangelio: Ā«Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombreĀ». Para cada uno tiene Dios planes excelsos. Cada uno estĆ” llamado a ser un miembro del Cuerpo, del Cristo total, del cual JesĆŗs es la cabeza. Todas y cada una de las cĆ©lulas de este Cuerpo, todos y cada uno de sus miembros son importantes, necesarios, independientemente de que sean mĆ”s o menos visibles.

A cada uno dota Dios de cualidades, dones que, empleados para bien de todos, nos van convirtiendo en hijos suyos dando fruto: unos producen treinta, otros sesenta y hay quienes ciento, y se va cohesionando ese Cuerpo que vamos formando. Ante los dones divinos corresponde al hombre una libre respuesta (Ā«El que no estĆ” conmigo estĆ” contra mĆ­Ā» -Mateo 12-), que se realiza, exclusivamente, actuando a favor o en contra del amor al prójimo, que es como se muestra el verdadero amor al Padre y a JesĆŗs, y que constituye la seƱal autĆ©ntica, Ćŗnica e indubitable del vivir el Evangelio de Cristo (Ā«Este es el mensaje que oĆ­steis desde el principio: que nos amemos unos a otros… Quien dice amar a Dios, a quien no ve, y no ama a su hermano, a quien ve, miente… No amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras…Ā» -1 Juan-; ā€œEn esto conocerĆ”n todos que somos de Cristo: si nos amamos unos a otrosā€ –cf. Juan 13, 35-), y en lo que debe desembocar la autĆ©ntica fe, segĆŗn aquello de Pablo: Ā«Fe que actĆŗa por el amorĀ» (GĆ”latas 5), o bien, Ā«ya puedo tener fe hasta mover montaƱas, que si no tengo amor al prójimo, nada soy y de nada me sirveĀ» (cf. 1 Corintios 13). Ni siquiera servirĆ” haber hecho milagros en nombre del SeƱor (Ā«Pero SeƱor, si hicimos muchos milagros y echado demonios en tu nombre…Ā»), de lo cual Judas tambiĆ©n participó, al ser enviado con los demĆ”s apóstoles de dos en dos con ese poder (Mateo 10). Para los tales sin caridad JesĆŗs es contundente: «”Alejaos de mĆ­ los obradores de injusticias y maldades!Ā» (Mateo 7).

El Padre puso a Judas en sus planes con los demĆ”s apóstoles viviendo junto a JesĆŗs, en contacto directo y asiduo con Ć©l, para que se contagiase de su forma de ser, de su fe; conociese y experimentase de primera mano su amor y misericordia entraƱables, su dedicarse a todos… ; para que asĆ­ fuese perfilando y limando sus asperezas, abriendo mĆ”s y mĆ”s su corazón a la Luz; para ir pasando de su egoĆ­smo, con sus inclinaciones y matices, al amor (que en ello consisten nuestras vidas), hasta llegar a dar frutos para el Reino desde su labor apostólica, llevando a muchos hacia Dios. Para nosotros en estos tiempos el Padre nos invita a contactar e intimar con JesĆŗs a travĆ©s de su Palabra, recibiĆ©ndolo en la EucaristĆ­a, tratando con Ć©l en la oración, y viviendo con Ć©l nuestra vida a la luz del Evangelio viendo cómo Ć©l vivĆ­a, siguiendo su Mandamiento y los consejos encerrados en su doctrina. Pero se ve que Judas no iba aprovechando los cuidados, el amor que JesĆŗs dedicaba a los suyos (Ā«No le importaban los pobres, sino que era un ladrón; y como tenĆ­a la bolsa, se llevaba de lo que iban echando…Ā» -Juan 12-), y a Ć©l en particular: Lo eligió para apóstol; era el responsable y encargado de llevar la bolsa; en la Ćŗltima cena le lavó los pies, le dio un trozo de pan untado, le facilitó la huida -Juan 13-, y lo llamó Ā«amigoĀ» cuando lo estaba entregando con un beso -Mateo 26-; gestos todos para, con un delicado e inmenso amor, recuperarle del reino de las tinieblas…

Ahora le vemos entregando a JesĆŗs por unas monedas a cambio, quedando a la espera de la ocasión propicia… Esa entrega viene de que ā€el diablo se la habĆ­a inspiradoā€ (Juan 13, 2), y Ć©l, voluntariamente, habĆ­a aceptado llevarla a cabo. Una vez consumada ciertamente se arrepentirĆ” y, a pesar de todo, serĆ” el Ćŗnico en dar la cara ante los sumos sacerdotes y el SanedrĆ­n, devolviĆ©ndoles las monedas y reconociendo haber entregado sangre inocente; luego, en lugar de acogerse a la misericordia divina (pues Ć©sa es la solución para todos nuestros crĆ­menes y pecados esperando su perdón cierto), se quitarĆ” la vida. TambiĆ©n Pedro vivirĆ” su traición en forma de negación abierta a JesĆŗs por tres veces, pero llorarĆ” amargamente ante la mirada de Cristo, refugiĆ”ndose en la misericordia del Padre (Ā«Desahogaos con Dios y descargad en Ć©l todo vuestro agobio y todas vuestras preocupaciones…Ā», aconsejarĆ” en su primera carta como quien eso ha experimentado a fondo…). Si Judas hubiera reaccionado asĆ­, hoy tendrĆ­amos otro santo mĆ”s en los altares.

Sabe JesĆŗs por el EspĆ­ritu, por el contacto asiduo con su Padre en la oración, que se aproxima el momento culmen del amor a los suyos, a todos los hombres y al Padre, para realizar en plenitud el plan por Ɖl establecido. Se le nota afectado, pero con ardiente deseo de intimidad con ellos: Ā«Mi momento estĆ” cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discĆ­pulosĀ». Ā«Se puso a la mesa con los DoceĀ». Quiere dejarles sus Ćŗltimas y mĆ”s importantes recomendaciones antes de partir… mas la intimidad no llega a ser completa, porque SatanĆ”s estĆ” acechante para entrar de lleno (lo harĆ” tras tomar el bocado que JesĆŗs le ofrezca -Juan 13-) en quien ha venido abriĆ©ndole sus puertas, Judas, el traidor.
Por lo mismo, tambiĆ©n sabe que uno de los suyos lo va a traicionar (escrito estaba -Salmo 41, 10-), y sabe quiĆ©n es: ā€œOs aseguro que uno de vosotros me va a entregarā€. Esta frase siembra la tristeza y una cierta duda en los corazones de los otros once, que no estando del todo seguros de cuĆ”nto sea su amor por Cristo, piensa cada uno que pueda ser Ć©l quien le traicione; pero en su limpieza y llaneza de corazón se confĆ­an como el nene a la mamĆ”, y van preguntando uno tras otro si se trata de Ć©l… Al dejar caer JesĆŗs la frase, vuelve a tender la mano a Judas… Ā”Otra oportunidad mĆ”s! No ceja Dios en ir a travĆ©s de los suyos (de JesĆŗs aquĆ­) en busca de la oveja perdida, en busca del pecador, por si se deja coger para llevarlo sobre sus hombros.

Y todavĆ­a lanza otra frase mĆ”s contundente aĆŗn para darle que pensar, por si al menos el temor a lo que le espera por seguir el camino que ha emprendido le hiciera regresar: «”Ay del que va a entregarme!; mĆ”s le valdrĆ­a no haber nacidoĀ». Ā”Pero, desgraciadamente, no surte efecto! Ya se hallaba libremente entregado al rey de las tinieblas, y las palabras de JesĆŗs no penetran, sino que resbalan por su corazón. Dios es pleno amor, y no oculta la plena verdad, porque el amor obra desde la verdad, no se ciega, no se cierra a ella. Cuando ve al amado que se va gravemente descarriando, el amor se las apaƱa para ir ofreciendo gradualmente su mano y lograr un regreso menos traumĆ”tico, pero si Ć©ste no se produjese, el fuerte amor hace que aparezca nĆ­tida de golpe toda la verdad, transparente, clara y pura, por dura que sea, de lo que ocurrirĆ” de seguir asĆ­ (ā€œMĆ”s le valdrĆ­a no haber nacidoā€), como Ćŗltimo remedio que salve… Ā”Pero siempre estarĆ” de por medio la libertad del hombre, aunque cada vez mĆ”s disminuida para poder ver y elegir si su entrega al mal ha ido creciendo de forma sucesiva! Advierte Dios totalmente, al descubierto, de las catastróficas consecuencias que se derivarĆ­an de seguir el malo en sus obras y actitud; por parte de Ɖl no va a quedar.

AsĆ­ JesĆŗs, que advierte a todos en distintas ocasiones en el Evangelio de a lo que lleva el no tomar y vivir su doctrina; con lo que se encontrarĆ”n de manera natural, pues habiendo sido creado el hombre para el amor, para amar, el no hacerlo continuadamente sin arrepentimiento sincero y propósito de cambio, lo irĆ” sacando, inexorablemente, de su destino celestial. No es Dios, que agota todas las posibilidades, sino Ć©l mismo quien, al irse cerrando, se va excluyendo, no dejĆ”ndole a Dios otra opción: Ā«Id malditos al fuego eterno preparado para el demonio y sus Ć”ngeles, porque tuve hambre y no me disteis de comer…Ā». (Mateo 25). Ā”Hasta estos avisos extremos llega el puro amor! Ā”AsĆ­ es Dios, amor de infinitos grados, que trasciende lo humano para ser mĆ”s amor aĆŗn! Ā”AsĆ­ es JesĆŗs, divino amor, que llega hasta dar la propia vida por rescatar a todos!Ā”AsĆ­ van siendo a lo largo de la Historia todos los hijos de Dios, los que beben y viven la doctrina de Cristo! Cuando viendo y oyendo preguntar a los demĆ”s, Judas se sintió obligado, escondido en hipocresĆ­a lanzó su pregunta: «¿Soy yo acaso, Maestro?Ā». No estaba en sintonĆ­a de intimidad con JesĆŗs como para llamarle, como los demĆ”s, Ā«SeƱorĀ»; sólo alcanzó a usar un tĆ©rmino utilizado protocolariamente tambiĆ©n por muchos otros que no le aceptaban como MesĆ­as Salvador: Ā«MaestroĀ».