Marcelo Van, «Apóstol escondido y alma gemela» de Santa Teresita de Lisieux

11 Jul, 2025 | ACTUALIDAD, Llamados a la Santidad

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El padre Álvaro Cárdenas nos descubre la fascinante figura de Marcelo Van, un frágil y desconocido apóstol del Amor de Cristo para el Tercer Milenio.

Joachím Nguyen Tan Van nació en el seno de una familia cristiana el 15 de marzo de 1928, en una pequeña aldea llamada Ngam Giao, en la región de Hanoi, al norte de Vietnam. Era el tercer hijo de Joachím Liêt y Anna Lê.

La espiritualidad de Marcelo Van se forjó a partir de su fragilidad

En obediencia a su director espiritual, el padre Antonio Boucher, Van escribió los pormenores de su corta y azarosa vida hasta el momento de ser ordenado sacerdote. ‘Autobiografía‘ es la primera entrega de las Obras Completas de Marcelo Van, y que el padre Cárdenas ha traducido al español.

La infancia y adolescencia de Marcelo Van estuvieron marcados por acontecimientos increíbles, dolorosos y, en ocasiones, hasta pintorescos, y por una vida interior fuera de lo normal.

Fue un niño muy sensible, piadoso y afectuoso, de constitución pequeña y salud frágil. Y también era travieso y terco, aunque hacía grandes esfuerzos por corregir sus defectos. Por eso dice el P. Cárdenas, «la impresionante espiritualidad del pequeño Van se forjó a partir de su fragilidad». 

Hasta los siete años, su vida transcurrió feliz, «como una rosa bajo los rayos calurosos del sol primaveral. Jamás podré describir todas las dulzuras de mi niñez y todo el amor de mis padres», escribió el propio Van.

Anhelaba ser sacerdote pero Dios tenía otros planes para él

Pero todo cambió para él cuando nació su hermana Anna María Tè, la cuarta hija del matrimonio. Poco después, llegarían malos tiempos para la familia. El padre de Van había abandonado la vida de fe, cayó en la pereza, las apuestas y el alcoholismo. Van prometió no beber vino en toda su vida y rezó con fervor por la conversión de su padre -que llegaría años después-.

También desde muy niño, Van anhelaba ser sacerdote. Un deseo que fue creciendo cada vez más fuerte a partir de su Primera Comunión. Pero el comienzo del camino para cumplir su sueño resultó ser su peor pesadilla. Van se quedó a vivir en la casa parroquial de Huu Bang donde, a pesar de su corta edad y su pequeña estatura, fue admitido entre los aspirantes al sacerdocio.

María, más Madre que Reina

Allí, un exseminarista resentido, que ejercía como profesor en la casa, resultó ser instrumento del demonio contra “el fuego apostólico” que crecía en Van. El pequeño sufrió los abusos de todo tipo del antiguo catequista, dominado por la envidia y el odio a Van, que era ya modelo de fervor ante los otros aspirantes y admirado por los parroquianos por su temprana vocación al sacerdocio.

Van todavía pasaría por muchas más desgracias y dolencias, aventuras y desventuras. Pero, al mismo tiempo, afianzaba su deseo de ser todo para Jesús y se fortalecía su confianza en la Virgen María, a quien consideraba «más Madre que Reina» y con quien tuvo desde muy pequeño una muy especial relación.

Una gracia especial en la noche de Navidad le transformó

En la Navidad de 1940, el alma del pequeño Van encontró la paz. Esa Noche Santa recibió una gracia especial que le transfiguró y le hizo ver de forma clara y definitiva, que el sufrimiento es un regalo del amor de Dios. Ahora su mayor anhelo sería alcanzar la santidad y sería transformando su sufrimiento en alegría.

Durante su vida, Marcelo Van mantuvo una comunicación directa, sencilla e inocente con Jesús y con María. Con Ella haría «un trato» si le ayudaba a descubrir cuál sería, entre todos los santos, su guía en el camino hacia la santidad. La Virgen «le mostró» «Historia de un alma», el libro de Santa Teresita de Lisieux que sería su compañero  y amigo más querido.

Diálogos con Jesús, con María y con su hermanita mayor, Santa Teresita

Empezó a ver a la pequeña y frágil carmelita como su hermanita mayor, a quien conoció en una visión y con quien también mantendría, desde ese momento, muchos momentos de conversación. Teresita sería su alma gemela. Le enseñó la manera de conversar sencillamente con Dios; la importancia de rezar por los niños, por los sacerdotes y por los pecadores.

«Has caminado siguiendo a Dios, buscando solamente agradarlo», le diría la Santa. «Es en eso precisamente que consiste la santidad. Hermanito, sigue mi consejo: sé siempre atento a ofrecer a Dios tu corazón, tus pensamientos y todas tus acciones. Nuestro Padre celestial nunca desprecia las pequeñas cosas. Desde ahora, hermanito, en tu relación con tu Padre, confórmate con mis consejos».

Santa Teresita revelaría a Marcelo Van que no sería sacerdote, sino apóstol del Divino Amor para ser la fuerza vital de los apóstoles misioneros.  Sería religioso y la Virgen le revelaría en qué congregación debería ingresar .

Una noche, recibió «una visita». En aquel momento no lo reconoció, pero poco después sabría que era el santo Alfonso de Liguori, padre fundador de los Redentoristas. En aquella comunidad fue donde recibió Van su nuevo nombre: hermano Marcelo.

Apóstol escondido del Divino Amor

Desde muy niño, su anhelo era seguir a Jesús, pero la Cruz era muy grande. Las pequeñas mortificaciones le prepararon para el sacrificio final de su vida.

Cuando Vietnam fue invadido por China, los católicos del norte del país fueron evacuados al sur. Van quiso quedarse para «amar a Jesús en medio de los comunistas». Tiempo después sería encarcelado. «En la cárcel como en el amor de Jesús nada me puede quitar el arma del amor», escribiría Van.

Marcelo Van fue internado después en un «campo de reeducación» en el que permaneció durante dos años. Enfermó de beriberi (enfermedad tropical) y tuberculosis, y murió el 10 de julio de 1959.

«A lo largo de su vida, bajo la guía de Santa Teresita, de María y del mismo Jesús, Van se convirtió en Apóstol escondido del Amor gracias a la oración y la ofrenda de sí mismo».

Dos «almas pequeñas» y extraordinarias para traer esperanza al mundo

El director espiritual de Van hasta su muerte fue el sacerdote canadiense Antonio Boucher, quien dedicó sus últimos años a traducir todos los escritos de Van al francés. Van escribió mucho, a pesar de su escasa formación. Lo hizo por obediencia, para ser «un pequeño secretario de Jesús».

Santa Teresita del Niño Jesús y Marcelo Van -subraya el padre Cárdenas- son dos almas “pequeñas y extraordinarias” ofrecidas al Amor Misericordioso para traer esperanza al mundo.

El padre Álvaro Cárdenas no duda en afirmar que «el impresionante legado de escritos que dejó Van, son un potente alimento espiritual para cualquiera de nosotros en el mundo actual». Sus escritos, según el padre Álvaro, son una guía ideal para los tiempos de tribulación que vivimos.

Puedes conocer mucho más a fondo la vida y obras de Marcelo Van a través de la Asociación Les Amis de Van Francia y Amigos de Van España, encargadas de difundir el legado de Van y promover su causa de beatificación, cuyo primer postulador fue el cardenal vietnamita Francisco Javier Van Thuan.

No te pierdas este vídeo en @MaterMundiTV para conocer más detalles de la impresionante vida y espiritualidad de Marcelo Van.

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