Las virtudes teologales están referidas directamente a Dios: son las que tienen como origen, motivo y objeto inmediato a Dios mismo. La fe, la esperanza y la caridad son infundidas directamente por Él en nosotros, nos hacen capaces de obrar como hijos de Dios y, finalmente, nos permiten merecer la vida eterna.
Son también garantía de la presencia y acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano, que permiten vivificar las virtudes humanas que ya hemos visto antes con Mons. Munilla – virtudes cardinales que se agrupan en tono a cuatro principales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza -.
Las virtudes teologales forman una tríada, están integradas, son los tres vértices de un único triángulo equilátero, dice el obispo. Pero, ¿por qué de las tres virtudes teologales, la caridad (el amor) es la más grande? monseñor Munilla, obispo de Orihuela-Alicante, también responde a esa cuestión.


