Con esta meditación de madre Verónica Mª (fundadora de Iesu Communio), invitamos a la reflexión, al propósito para un nuevo año, y a la oración. Para que despierte en nosotros esa misma sed de ver a Dios y de peregrinar hasta abrazar a Cristo con todo el corazón, como aquel anciano que pasó la vida entera con la esperanza y confianza inquebrantables en la promesa de que no acabarían sus días sin ver a Dios, Salvador del mundo. Y profundizando en la humildad silente de la Virgen María.
Cuando Jesús, recién nacido, sea llevado al Templo de Jerusalén, el Evangelio nos presentará la figura de «Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él«. «Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones» (Lucas 2, 22-40).
No malgastes tu vida sin buscar la Promesa, sin preparar el corazón.


