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El joven díscolo, medio hippie y medio anarquista, que acabó rendido a los creativos planes de Dios

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Con frecuencia se dice que Dios no da (ni una) puntada sin hilo. No te pierdas el testimonio de Joaquín Garrigós, cura de pueblo y «evangelizador multimedia». Un «espíritu hippie», con alma de artista y algo rebelde, que el Señor reconquistó mostrándole una Iglesia tan contracorriente e inconformista como él.

Un miércoles santo de 1992 entró por «casualidad» en el Seminario de Toledo, y al terminar aquella Semana Santa salió de allí con la certeza absoluta de que aquel era su sitio y estaba llamado a una vocación sacerdotal que no ha flojeado ni por un momento hasta el día de hoy.

Fue ordenado el 16 de diciembre de 2001 y se puso en camino siguiendo los creativos planes que Dios le tenía preparados.

De sacerdote rural y evangelizador de jóvenes a director de un musical y productor audiovisual profesional, con un particular «olfato evangelizador» para promover en la Iglesia y a pie de calle iniciativas acordes con los tiempos que corren.

Tiene claro que una imagen vale más que mil palabras igual en la Publicidad de toda la vida que para transmitir la vida de la Iglesia.

«Me encanta mi vida y es apasionante llevar la Iglesia universal hasta el último rincón» del mundo, afirma siempre sonriente el padre Joaquín Garrigós Domínguez. ¡No te pierdas nada del itinerario que nos cuenta en su interesante testimonio!

Escuchándolo ahora nadie lo diría, pero Joaquín fue un niño y un joven díscolo, de delicada salud, imaginativo y muy creativo pero introvertido.

La nota discordante de la familia

Nació y creció en el seno de una familia católica, con una sólida educación en valores y fundamentos cristianos en la que Joaquín era la nota discordante.

Se deshace en elogios y agradecimiento a sus padres, que siempre supieron respetar su carácter singular y dejaron que fuera el Señor, a sus tiempos, quien le moldeara por dentro y por fuera.

En su época más rebelde, en la que iba con pintas de hippie y aires de anarquista, vivió un tiempo apartado de Dios y cautivado por los juegos de rol, con los que su imaginación si multiplicaba por mil.

La vocación sacerdotal de su hermano mayor (P. Miguel Garrigós), fue casi un drama para Joaquín. «No entendía que alguien tan inteligente como mi hermano decidiera ser sacerdote», recuerda.

Descubrió una Iglesia diferente a lo que él creía

Pero un tiempo después, el Señor se ocuparía  de mostrarle una Iglesia contracorriente, ideal para un joven como él, inconformista y empeñado en salirse de la norma.

En una peregrinación a la Virgen de Guadalupe (Cáceres, España), tuvo un encuentro fuerte con el Señor y la Virgen. Y regresó a la Iglesia, por decisión propia.

Ahora era medio hippie, medio anarquista y ahora católico. Y con esos mimbres, Dios seguía dibujando la vida de Joaquín.

A los 16 años, enamorado con la santidad del Hermano Rafael Arnáiz, sintió que lo suyo era ser monje trapense. Pasó su buen tiempo de discernimiento y concluyó que aquel no era su sitio.

Así que Joaquín se enfrentaba ahora a la encrucijada de sentirse llamado a servir al Señor pero sin saber ni dónde ni cómo. Para salvar el momento, llegó un acuerdo razonable con sus padres: estudiaría Periodismo.

No quería quedarse solo en casa y «acabó en el Seminario»

Por su delicada salud, en una Semana Santa de 1992 acabó en el Seminario de Toledo para pasar unos días y no tener que quedarse solo en casa. Entró un miércoles santo y cuando salió de allí tenía la certeza absoluta de su vocación sacerdotal.

«Entendí con total claridad que aquel era mi sitio» y nunca después, hasta el día de hoy, ha tenido la más mínima sombra de duda.

Después de su ordenación en 2001 asumió sus primeros destinos en pequeños pueblos donde una de sus principales tareas sería la evangelización de los jóvenes. Encantado con esas tareas durante años, asumiría después la responsabilidad de varias parroquias rurales en la provincia de Toledo (España).

Ni pedir ni rehusar

Lo que ni de lejos sospechaba Joaquín Garrigós por entonces es que acabaría dirigiendo un musical (ALMA), que le llevaría a una gira por muchos rincones de nuestro país y una vida apostólica tan imprevista como intensa.

Accedió a aquella aventura haciendo suyas las palabras de san Vicente de Paúl: «ni pedir ni rehusar».

«El Señor me hará capaz», pensaba Joaquín. Y lo hizo capaz, y lo empujó después a que sus talentos, su imaginación y su creatividad se aprovecharan también en el mundo del audiovisual.

Se formó para poder dar respuesta a lo que en cada momento se le iba pidiendo. Y en esas, también acabó poniendo en marcha una empresa de servicios audiovisuales para la Iglesia diocesana de Toledo: Gaudium Producciones Multimedia

Llevar la Iglesia universal hasta el último rincón es apasionante

Hoy Joaquín Garrigós vive con entusiasmo su sacerdocio, compaginando la labor pastoral con su vena artística y su olfato evangelizador para servir con herramientas y con iniciativas novedosas a la Iglesia del siglo XXI.

Considera que es esencial profesionalizar y ofrecer un servicio audiovisual de calidad a las parroquias para evangelizar hoy, porque una imagen vale más de mil palabras también en la Iglesia.

No te pierdas ni un detalle del itinerario que nos cuenta en su interesante testimonio el padre Joaquín Garrigós, apasionado por llevar la Iglesia universal hasta el último rincón y encantado con su vida de sacerdote rural y «multimedia».

 

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