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Eligieron la pobreza y encontraron a Dios

Eligieron la pobreza y encontraron a Dios
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Santos que renunciaron a las riquezas para seguir a Jesús y encontraron la felicidad

Han sido muchas las personas que a lo largo de la historia han descubierto que demasiadas cosas materiales ahogaban su vida interior y la austeridad en cambio les ayudaba a unirse a Dios.

«Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo», le dijo Jesús en una ocasión a un joven muy rico. Él no le creyó y se alejó entristecido. Pero muchas otras personas sí han escuchado y respondido a esa llamada. Y han permanecido con Dios, alegres en esta vida y sobre todo en la eterna. Conoce la experiencia de algunas de ellas y déjate inspirar por su sabiduría:

 

  1. San Francisco de Asís

Hasta tal punto fue importante la pobreza para Francisco que ha pasado a la historia como “El pobrecillo de Asís”. Y eso que era de familia adinerada. Desde pequeño disfrutaba de todos los placeres que le permitía el éxito del negocio textil de su padre. Pero cuando creció renunció a su herencia y a las posesiones materiales y abrazó la pobreza como forma de vida. Fue como una revolución en la Iglesia católica de la Edad Media. Hoy sus seguidores, los franciscanos, siguen aspirando a la pobreza material y ayudando a los necesitados.

 

  1. Santa Bernadette Soubiruous

Muy diferentes a los de san Francisco fueron los orígenes de santa Bernardita, la pastoricita a la que se le apareció la Virgen en Lourdes (Francia). Ella nació en una familia muy humilde y creció en un ambiente realmente sencillo. Sin embargo, al crecer optó libremente por una vida de pobreza, se consagró a dios como religiosa y vivió humildemente en el monasterio de Nevers.

 

  1. San Francisco de Paula

Los eremitas en general son paradigma de esa vida de pobreza material y riqueza espiritual. Uno de ellos, san Francisco de Paula, tenía una elocuente consigna de vida que los católicos pueden entender bien: “Cuaresma perpetua”. A san Francisco de Asís le debe desde el nombre hasta la vocación, que concretó trasladándose a vivir solo a una cueva aislada para rezar y hacer penitencia. Su estilo de vida inspiró a otros hombres y fundó la orden de los Mínimos: vivían de limosnas, no tenían propiedad ni manipulaban dinero, y evitaban comer carne, queso, leche y huevos y licores.

 

  1. Santa Clara de Asís

La amiga del alma de San Francisco de Asís también era de familia rica y llevaba la pobreza muy dentro de su corazón. Después de muchas aventuras, pudo vivir “sin nada propio”, con una pobreza radical, muy espiritual y femenina, en profunda comunión con San Francisco. La siguieron su propia hermana de sangre, Inés, y después multitud de clarisas a lo largo de los siglos.

 

  1. Santa Teresa de Calcuta

La Madre Teresa de Calcuta se propuso ayudar a los más pobres entre los pobres. Lo hizo desde la India, iniciando una obra caritativa extraordinaria que no permitió que se aburguesara. Ayudaba a los pobres pero era pobre también. Su mejora del mundo fue reconocida con el premio Nobel de la Paz. Dejó grandes obras y también sabias palabras como las siguientes: “En nombre de Cristo ¡háganse cargo de los más pobres!” o “La falta de amor es la mayor pobreza”.

Fuente: Aleteia

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